Hace años me operaron de un quiste sacro. No me molestaba pero me dijeron que era mejor que me lo quitaran.
La Seguridad Social me derivó a una clínica privada y me hicieron las pruebas. Pasaron meses sin llamarme y ya me había olvidado.
Un día mi marido me dijo que tenía que personarme en la clínica a las siete de la mañana en ayunas para hacerme un análisis.
Yo tranquilamente fui y esperé a que me llamaran. Pero no lo hicieron. Le dije a la enfermera que tenía hora para el análisis, ella miró su lista y yo no aparecía. Le propuse que me hiciera igualmente el análisis ya que estaba ahí. Me contestó que no podía.
Bajé a planificación de visitas y manifesté mi queja. La auxiliar consultó el ordenador y me dijo: no te han llamado para un análisis, te han llamado para operarte y el médico te está buscando por todo el hospital. ¿Te animas a operarte? Yo, entre el miedo, sorpresa y desolación acepté.
Llamé al trabajo porque lo que yo pensaba que era cuestión de una hora se alargaría más. Me dieron ánimos y llamaron a mi marido.
El médico cuando me vio me dijo ¿Dónde te has metido? El hospital entero te está buscando.
Estaba tan nerviosa que ni me enteré de la rápida operación.
Me llevaron a una habitación. La enfermera me trajo dos calmantes y me dijo: cuando despierte la herida dolerá mucho. Yo no recordaba si me había dicho que me tomase una y después la otra o las dos a la vez. No estoy acostumbrada a tomar analgésicos, así que decidí tomarme las dos de golpe.
Vino el doctor y me dio unos papeles para entregarle a la enfermera y me podía marchar.
Viendo que la enfermera no venía salí a buscarla. Me encontré con algunas y les pregunté si me podía marchar. Me dijeron que si.
Así que me marché a casa tranquilamente. Alas pocas horas me llaman del hospital y me dicen que me había escapado sin permiso. Tuve que volver con los papeles para que me dieran el alta.
Al día siguiente ya estaba en la playa y sin rastros de dolor. En ningún momento lo sentí.
Sucedió todo tan rápido que no me dio tiempo a pensar. La vida transcurrió como si nada hubiera pasado y disfruté de unos días de baja.
¿Tal vez era una pastilla y a las ocho horas la otra?