16/3/08

CALLEJÓN DE SAN MIGUEL



Voy paseando por el callejón y me entristece ver sus paredes desconchadas, sus ventanas cerradas y el silencio inundando el presente.
Me detengo y, por unos momentos, el recuerdo me juega una hermosa pasada. Siento el olor a flores de los balcones, escucho a muchachas tarareando una canción mientras riegan las plantas. Veo paredes bañadas de cal que le dan una intensa blancura. Escucho que me llaman mis amigos: Encarnita, ¿vienes a jugar al pilla pilla?
Los ancianos y menos ancianos sacan las sillas a la puerta y hacen tertulia de lo acontecido en la jornada.
Los niños corremos de un lado a otro. Se oye de repente un sonido de cencerros, son mulos que vienen a recogerse al corral después de un día de trabajo. Les dejamos paso con la carga que llevan hasta que desaparecen a través de una puerta de madera grande y sólida. Después, un rebaño de cabras y ovejas desfilan con sus peculiares voces hacia otro corral. Una cabra despistada quiere seguir corriendo mundo y, en ese momento, el perro guardián le ladra y la obliga a ir con la manada. Cuando todos los animales están en sus aposentos, salen mujeres a limpiar el callejón. Se las oye quejarse: “Niño, quítate de ahí, no pises las plastas, siempre lo mismo, como ensucian las bestias, y luego le toca a una limpiar”.
Y al atardecer, todo el callejón estaba limpio y regado. Era el momento en que venían los pretendientes a hablar con las muchachas, no ajenos a las miradas de niños y mayores.
Entre bromas pasábamos las tardes hasta que nos obligaban a recogernos. A “regañadientes” lo hacíamos y en las ventanas, cuando ya anochecía, jugábamos a ser mayores a la luz de la farola.
Ahora, cuando camino por este lugar, los fantasmas del pasado parece que se esconden tras los ventanucos susurrando una canción que me transporta a aquellos tiempos. Y yo, que los oigo, me siento cómplice de ellos.

5 comentarios:

azagra dijo...

que bien escribes Encarna,vamos a tener que ir de nuevo a Guadix a ver esa calle....
pronto,muy pronto

María Jose dijo...

Estoy de acuerdo con Carlos. No dejes de escribir. Me encanta lo bonito que lo cuentas y la sensibilidad maravillosa, esas dulzuras que sólo pueden provenir de una persona con un corazón enorme.

Yo también soy muy de olores, sabores, colores, recuerdos y fantasmas, y es maravilloso descubrirte a través de los tuyos.

Un besazo enorme.

Pum

Anónimo dijo...

Encarnita, supongo que ya estarás en tu pueblo. Descansa y coge fuerzas para seguir escribiendo tan bien... un beso.
aunque no esté en casa ( estoy en la biblioteca de Malgrat de Mar) ya sabes que te sigo el rastro .Aprovecha las vavaciones y a cascarla. Un kiss para your family!!!! Maria J.

Anónimo dijo...

Ya estoy de vuelta de Guadix. Acabo de leeros y me entran unas ganas rabiosas de escribir. Gracias por hacerme sentir que lo que cuento no es una pajarraca que se me ocurre en el momento.
Un besazo enorme
Encarna

Kazilar dijo...
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