25/11/08

AQUÍ ESTÁN LOS BUENOS MAESTROS

Ahora, escuchando un poema de Miguel Labordeta en voz de su hermano, José Antonio Labordeta, me he estremecido como la primera vez que lo leí. Era a principio de 1983, tal vez después, José Antonio, en un homenaje a su hermano en Badalona, me dio un libro de poemas de Miguel. Se que hacía poco tiempo de la muerte de mi hermano y, cuando abrí el libro me apareció este escrito sobre el paso de la vida como una hoja en otoño. Gritos en silencio aparecieron en mi y unas lágrimas ocultas fueron bañando la vida que pudo ser y no fue. Al final, después de leer esa gran obra, con la frente bien alta, alcé la vista al cielo, encaré el presente y me lancé al futuro en picado. Tal vez saldría bien, tal vez no, pero la aventura era… vivir.

RETROSPECTIVO EXISTENTE

Me registro los bolsillos desiertos

para saber dónde fueron aquellos sueños.

Invado las estancias vacías

para recoger mis palabras tan lejanamente idas.

Saqueo aparadores antiguos,

viejos zapatos, amarillentas fotografias tiernas,

estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,

pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba

no me explican dónde fueron mis minutos,

y aunque torturo los espejos

con peinados de quince años,

con miradas podridas de cinco años

o quizá de muerto,

nadie,

nadie me dice dónde estuvo mi voz

ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía

esculpida en presurosos desayunos,

en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,

mientras los otoños sedimentaban

de pálidas sangres

las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios

guardan los subterráneos ángeles

nuestros restos de nieve nocturna atormentada?

¿Por qué vertientes terribles se despeñan

los corazones de los viejos relojes parados?

¿Dónde encontraremos todo aquello

que éramos en las tardes de los sábados,

cuando el violento secreto de la Vida

era tan sólo

una dulce campana enamorada?

Pues yo registro los bolsillos desiertos

y no encuentro ni un solo minuto mío,

ni una sola mirada en los espejos

que me diga quién fui yo.

Miguel Labordeta.



5 comentarios:

azagra dijo...

es una bonita poesia,bien por los buenos maestros,..y maestras!

Cybernapya dijo...

Muy de acuerdo contigo, Carlos...

Winchester dijo...

En tantas ocasiones llorar es bueno...!!! Te hace sentir viva...
besos

REVUELTA dijo...

Carlos, Cybernapya, oir este poema en voz de José Antonio Labordeta, hace que el vello se te ponga de punta. Esos son los verdaderos maestros.
Un beso

REVUELTA dijo...

Winchester, ya sabes... lágrimas y a seguir, porque somos meros granitos de arena que hacen montañas si nos lo proponemos.
Un beso