25/5/08

UN CASTILLO EN MI MEMORIA

Cerca de Guadix, en el marquesado del Zenete, hay un interesante castillo con torres redondas, característico del estilo castellano.
El pueblo de la Calahorra está edificado en el pie y la ladera de un montículo y en la cima se eleva majestuoso el castillo, muy bien conservado exteriormente.
Cada miércoles, un vecino del pueblo se encarga de abrir sus puertas a los visitantes y hace un recorrido con ellos contándoles la vida y anécdotas del lugar en tiempos pasados.
Cada verano intentamos visitarlo y siempre nos recibe ese casero que el paso de los años va haciendo entrañable. Allí compramos un libro muy interesante de Antonio Enrique sobre la vida de tres mujeres en el castillo, se titula “Kalaat Horra”.
Por fuera el castillo es una fortaleza, pero en su interior se esconde un bello palacio. Fue mandado construir por Rodrigo Diaz de Vivar y Mendoza para su esposa. El arquitecto, Lorenzo Vázquez, inspirándose en el Renacimiento italiano, trajo mármol de carrala y materiales nobles de la época hasta conseguir una obra de arte.
Después fue heredado a Pedro de Mendoza, conquistador de Buenos Aires (Argentina).
A mi, personalmente, las conquistas bélicas y territoriales me traen sin cuidado. Lo que considero más bello es la conquista del amor. La delicadeza y el cuidado de cada parte de las estancias del castillo. Una obra pensada para el amor. Hasta tal punto que ha sido escenario de películas como “El Cid”, “El viento y el león”, “Tirante el Blanco” y muchas más.
El paisaje desde la carretera es impresionante. Una montañita bañada de casitas blancas y en la cima la fortaleza. Al fondo, Sierra Nevada con su verdor y sus cumbres nevadas se alza imponente en un paisaje que juega entre el cultivo y las tierras ocres de los alrededores.
Pienso en el hombre que mandó edificar el castillo y, sobretodo pienso en su esposa. ¿Se sentiría ella libre allí, pero aislada entre tanta belleza?
El mejor palacio puede ser una jaula de oro, pero… una jaula.
Espero que fuera dichosa en el castillo.
Tal vez hubiera deseado una humilde casa bañada de cal, pasear por las calles del pueblo y respirar el aire de las montañas y de los campos en flor.
Me queda el desconocimiento y la incertidumbre de saber si, entre esas paredes que yo recuerdo, hubo felicidad.

5 comentarios:

María Jose dijo...

Tengo una especie de don, que no es un don, sino una tortura a veces, y es que soy muy sensitiva a las energías. Sobre todo en sitios antiguos y casas viejas. Incluso en jardines y parques de torres y casonas.

Cuando una amiga me llevó por primera vez a la casa de su familia, una casa que está en Daroca, enorme, de tres plantas, con un parque de árboles centenarios, me hizo recorres todas las habitaciones, desde la cocina hasta la biblioteca, pasando por los dormitorios y llegando hasta el cuarto de costura, preguntándome quién creía yo que había usado esas habitaciones. Y le describí el caracter y los sentimientos de sus antepasados con tanto acierto que me asusté de mí misma. Pero es que en aquella casa las energías son muy fuertes, y yo demasiado empática.

Si quieres iremos juntas a ese castillo.

Un beso.

María Jose dijo...

Por cierto. Prefiero Pumpy o Pum o Pumpita. No me veo como María José.

REVUELTA dijo...

Pum, ese castillo me impresionó. Allí convivian, es un decir, diferentes culturas, con envenenamientos y conspiraciones. Los techos de las estancias tienen diferente altitud, dependiendo del estatus social. Parece habitado hoy en dia por sombras del pasado. Te gustará.
Un beso.

REVUELTA dijo...

Pum, ¿Esa casa se puede visitar?

María Jose dijo...

Claro que puede visitarse. Aunque por poco tiempo ya, porque la venden.