18/6/09

COSAS COTIDIANAS

Cada día me enfado, discuto y dialogo con mis hijas. Me vienen protestas por no ayudar en casa, no sacar al perro a pasear, no ordenar su habitación y muchos más reproches que surgen de una convivencia querida y deseada.
Pero me pongo a pensar… hace unos años, la demencia de mi padre era evidente, no tenía el concepto del día y la noche. A altas horas de la madrugada rascaba la puerta de la habitación de mi hija mayor. Ella interrumpía el sueño día tras día. Bajo sus párpados apareció un cerco morado. Su cuello estaba lleno de grietas y el interior de sus codos llenos de heridas de rascarse sin darse cuenta. Ella pidió ayuda a la psicóloga del instituto. Esto nos hizo despertar. La familia y todo el amor del mundo dieron lugar a que el problema se subsanase. Pusimos todos los esfuerzos y medios para que, desde el hogar, la vida continuase su camino sin dañar los proyectos e ilusiones de los que estábamos ahí.
La voluntad de mi hija y nuestro empeño, hizo que se ganasen esas batallas de la vida cotidiana que nosotros podemos contar. Varias generaciones en casa y ver a la muerte como un caminante natural
que deja dolor y esperanza a un futuro que queda por escribir.

3 comentarios:

Esencial dijo...

Con cariño y voluntad... es más fácil con cariño. Como digo muchas veces la vida es un continuo tira y afloja. Un continuo ir y venir de ganancias y pérdidas.

Tus hijas son un regalo. Yo que las conozco lo gritaré todo lo fuerte que pueda.

Y saben que tienen la mejor madre del mundo.

Un beso enorme guapísima.

REVUELTA dijo...

Pum, qué grande eres! Ahora tengo poco tiempo para escribir, el final de curso me absorbe todo el tiempo. ¿Como te han ido los exámenes? Espero que muy bien. Nos veremos pronto ¿vale?
Bezitoz

Winchester dijo...

qué grande eres Encarnita...